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El jefe de todo esto: al habla con nuestro editor, Jaume Bonfill

Reservoir Books ha cumplido dieciocho años. Ahora que ya somos mayores de edad, toca hacer repaso de nuestra historia, calibrar el presente, y soñar con lo que deparará el futuro. Por eso, hoy hemos querido charlar con nuestro editor Jaume Bonfill, el principal responsable de que cada mes podáis tener en las manos libros y cómics maravillosos, y que nos ha marcado a fuego el lema #LeeLoQueTeGusta.

Háblanos un poco de ti. ¿Cuál ha sido tu camino hasta llegar a ser el editor de Reservoir Books?

Un largo camino repleto de tedio postadolescente… ja ja ja. No, en serio, son casi quince años ligado al mundo editorial. En los últimos cinco he estado al frente de varias colecciones en Debolsillo, a cargo de su retaguardia literaria y también de los cómics. Llevo en Reservoir apenas seis meses.

¿Nos puedes citar algunas de las lecturas que te más te hayan marcado?

Volveríamos al tedio juvenil… aunque creo que puedo contestar a esta pregunta sin parecer un rarito. Siempre he leído de manera muy ecléctica, mis primeras pasiones serias fueron Bukowski y Flaubert, y un poco antes de eso la escuela Bruguera. Pero no entendí qué era un autor en toda su complejidad hasta que me metí en Juan Goytisolo, ya en la universidad, sobre todo al leer su díptico autobiográfico. Recuerdo con mucho agrado esas ediciones de Mondadori de los noventa, una maravilla iniciática. Si tuviera que ceñirme a un autor, a un solo libro, creo que no podría decidirme. Bueno, a punta de pistola diría Enrique Vila-Matas, Historia abreviada de la literatura portátil, pero quién no lo diría, ¿verdad?

Lo que sí podría señalar con exactitud es el momento en que ya me fascina sin vuelta atrás la novela gráfica. Fue bastante tardío, la verdad, hace unos diez años, al leer, por recomendación de un buen amigo, Como un guante de seda forjado en hierro de Daniel Clowes. Luego vinieron esos dos o tres años de gloria en los que no haces más que leer obras maestras del cómic, una detrás de otra, pensando que ojalá no termine nunca la buena racha.

¿Cuál fue el primer objetivo que te marcaste al tomar las riendas del sello?

Tres objetivos, de hecho. Resucitar el espíritu provocador de Reservoir, reivindicar su fondo histórico (con una andadura de dieciocho años) y asimismo abrir línea editorial para no depender tanto del mundo anglosajón y sus tendencias. El último objetivo pasa también por proponernos publicar a más autores en lengua española y no necesariamente jóvenes.

¿Qué características crees que ha de tener una obra para ser publicada en Reservoir?

Hay tres colecciones en el sello, cada una con sus señas de identidad:

Roja & Negra es quizá la hermana pobre para esta entrevista, ya que tiene otros llamados éticos y estéticos; en realidad no es nada pobre porque es donde a priori deberían estar los títulos con más vocación generalista, por así decirlo. Es una colección relativamente joven pero muy bien asentada en el panorama literario, con varios éxitos a sus espaldas, donde la aspiración ha de ser encontrar autores sólidos y con recorrido. Ser los editores de Jo Nesbø y Gillian Flynn, entre tantísimos otros, conlleva que los mejores títulos y autores nos sean un poco más accesibles.

En Reservoir Gráfica, una colección reivindicable por el mero hecho de ser la primera que se dedicó al cómic seriamente en el seno de un sello literario (todos los editores que lo han hecho después, pequeños o grandes, deberían reconocer este legado), el nivel de exigencia es a día de hoy altísimo, buscamos trabajos magistrales a la par que rompedores, tanto da si vienen firmados por autores de renombre como por aspirantes al título.

Finalmente, en Reservoir Books (volverá a llamarse así la colección medular del sello) queremos publicar ficción y no ficción capaz de perforar esquemas mentales, obras novedosas por su estilo, ambición, contenido o repercusión. Luego aprovecharé para extenderme un poco más sobre el tema.

Soy consciente de que lo dicho coincide con la vocación tradicional de Reservoir, y de que en esos cometidos se encuentran hoy muchos otros editores también. Nuestra inercia editorial no va a cambiar drásticamente ya que justamente ha sostenido la identidad del sello en multitud de vaivenes a lo largo de dieciocho años. Sin embargo, si algo me gustaría añadir ahora es que también necesitamos libros que equilibren un poco la balanza de lo indie aportando cierta vuelta a lo social. En otras palabras, queremos editar nuevas lecturas de nuestra realidad desde puntos de vista radicales o alternativos, tanto en narrativa como en ensayo.

Como intento rehuir de todo lo que suena a programático, probaré con otras palabras: si hay un principio editorial que antepondría a todos los demás es que Reservoir debe ser un sello abierto, tan permeable como provocador.

¿Cuál fue el primer libro que fichaste para el sello?

En puridad, Crisálida de Carlos Giménez. Un álbum espectacular que casi cayó del cielo y que vuelve a poner a su autor en órbita mundial. Además, como punto destacable, diría que dentro de la historia universal del cómic este es el libro donde más cubatas hay dibujados por página, eso le da un valor añadido tremendo.

Entre los primeros cómics que han llegado se encuentra La profecía del armadillo, de Zerocalcare. Un autor de éxito en Italia pero desconocido aquí. ¿Qué rutas sigues para descubrir nuevos talentos?

En el apartado gráfico, me ha servido mucho visitar este año el Festival de Angoulême. Fueron días muy productivos e inspiradores, sobre todo por el ambiente que ahí se respira, un compadreo continuo con tantísimos autores, editores, agentes y periodistas del ámbito europeo. En los tres meses siguientes al festival cerré contrataciones importantes e incluso estratégicas. El asunto Zerocalcare venía de antes, me parece que era un autor conocido por muchos editores en España pero siempre hubo el miedo de que algo “tan italiano” no funcionara aquí. Yo me enamoré a primera vista, no pude remediarlo. Y enamorarse de un italiano o una italiana no implica tantos impedimentos como sucumbir a una pasión azerbayana o maorí, así que me lo traje para casa sin pensarlo dos veces.

Reservoir será también el nuevo hogar de Carlos Giménez y Felipe Almendros, que representan dos generaciones del cómic español…

De Carlos Giménez no puedo decir nada que no se haya dicho ya, salvo que está en una nueva fase creativa muy libre y muy ambiciosa. Es decir, los lectores de cómic estamos de enhorabuena. El caso de Felipe Almendros es tremendo también. Es un autor al que ya conocía -si bien no personalmente- y admiraba, pero es que VIP, su nuevo libro, que sale a la venta el 17 de junio, es una novela gráfica de lecturas infinitas. No hay en él aspecto que no sea una revolución, empezando por la narrativa y terminando por el formato (y los extras). Estad atentos, este tipo no tiene freno. Y no es tan distinto a Carlos Giménez: ambos son insobornables en su compromiso artístico y en su personalidad arrolladora. Lo mismo podría decirse de otros autores insignia de Reservoir Gráfica, como Miguel Brieva o El Roto.

La colección Reservoir Books ha experimentado un rediseño completo, ¿por qué esta nueva apariencia?

Queríamos reivindicar el legado de casi dos decenios dedicados a publicar libros que son casi objetos de culto. A día de hoy, creo que eso debe traducirse en un formato que otorgue más prestancia, mejores acabados, con un gran peso del diseño. En cierto modo, podría trazarse un camino vital imaginario con los lectores de Reservoir: en 1998 compraban aquellos primeros volúmenes casi de bolsillo con actitud punk y kioskera; en 2016 han crecido y es posible que prefieren bellezas más tangibles. Luego, hay un punto de equilibrio en el que no deseamos ser integristas de lo novedoso, en plan “vamos a hacerlo absolutamente todo diferente”. Me explico. Proponemos un tipo de libros que en lo material son muy clásicos o incluso clasicones: lomo redondeado, forros en un geltex muy cincuentero, papel de tripa sin tintes ni repintes, un diseño de caja bastante áureo. Lo que le añadimos es nuestra actitud: pantones que hacen sangrar retinas, cabezadas buscadamente complementarias, una sobrecubierta bufandera muy vistosa, guardas multiusos.

Deteniéndonos un poco en esta reflexión, quiero pensar bastante (los motivos no son estrictamente libidinosos) en el cincuenta por ciento de los lectores que se encuentran en nuestra órbita, gente que intuimos entre los veinte y los cuarenta y tantos. La mitad que son mujeres, quiero decir. Bueno, deben de ser bastante más de la mitad si atendemos a las estadísticas del Ministerio de Industria sobre los hábitos de lectura. A pesar de tener previsto publicar en Reservoir a más autoras que nunca, no pretendemos que se convierta en un sello feminista o siquiera femenino, pero sí entendemos que ellas tienen ciertos intereses literarios y también afinidades estéticas. Creo que el rediseño de la colección puede funcionar en ese sentido, sobre todo porque la estética indie siempre me ha parecido muy masculina, debajo de todas las capas de ironía que se le puedan achacar. Sería además muy injusto que no mencionara a mis socias principales en esta andadura, todas ellas mujeres: Nora Grosse, Anna Gago y Desirée Baudel (en diseño, márketing y edición). Suyos son también los méritos de esta nueva propuesta y me gusta fiarme de sus criterios e intuiciones. En resumidas cuentas y a lo que íbamos: tanto los nuevos títulos como los relanzamientos de esta colección tendrán este aspecto.

El primer título de la colección ha sido La insólita pasión del vendedor de lencería, de Asako Hiruta, una autora japonesa hasta ahora inédita en castellano. ¿Qué te atrajo del libro?

Es una comedia romántica ajustada a bastantes cánones (en ocasiones tiene un punto mainstream a lo Jennifer Aniston) salvo por el hecho de que está protagonizada por una pareja muy disfuncional: ella es una publicista treintañera que lleva demasiados años sin ligar, él es un dependiente de una tienda de lencería selecta que cuando toma las medidas… digamos que palpando… adivina también de qué pie cojean sus clientas y se ofrece a darles consejos de todo tipo, hasta convertirse casi en un gurú. Aparte de esta temática bastante bizarra, que tiene su dosis correspondiente de ejecutivos travestis, es un libro tremendamente divertido y vital, muy loco, que se revuelve contra las convenciones modernas y se ríe bastante del individualismo y la superficialidad con que nos han querido impregnar a toda una generación.

La otra novedad es Carne picada, de Leonardo Lucarelli, un retrato de lo que ocurre en las cocinas de muchos restaurantes europeos. Por su temática, el libro se desmarca de la línea que Reservoir había seguido hasta ahora…

No creas que se desmarca tanto: esto es sexo, drogas y rocanrol. Lucarelli narra lo que pasa no en los restaurantes con estrellas Michelin, sino lo que ocurre en el 95% de nuestros restaurantes. Luego resulta que el tipo tiene una soltura increíble escribiendo y le sale un estilo narrativo que te hace leer su vida como un relato de superación.

También este libro es relevante porque significa el regreso del sello a la no ficción, que había estado algo abandonada últimamente. Habrá libros como este y también no ficción divulgativa, tocando palos habituales en el pasado de Reservoir: música, cine, arte urbano… Pero también queremos añadir, como avanzaba antes, ensayos que toquen temáticas sociales (sexualidad, economía, sociología, nutrición, consumo), siempre desde el punto de vista provocador propio del sello.

nova cole

También has querido reeditar dos clásicos del sello, Diarios de bicicleta y Atrapa al pez dorado. ¿Veremos más reediciones?

Así queremos honrar el legado, está claro. Uno de nuestros nuevos lemas (“Dieciocho años fascinando”) lo resume bien y pretendemos que siga siendo así en el futuro. Hay otras seis reediciones planeadas para los próximos quince meses. De momento, en septiembre relanzaremos la novela En mi cuarto de Guillaume Dustan y en noviembre, los Diarios de Kurt Cobain. Dos títulos tan míticos como malditos, deudores del género confesional pese a sus orígenes tan distintos.

¿Puedes avanzar a los lectores alguna sorpresa más para después después del verano?

El plan editorial de otoño es ambicioso y plural, así que lamento mucho tener que dejar de hablar de algunos títulos. Pero espero que sirvan los siguientes como muestra de por dónde van los tiros.

En septiembre llega el primer título de esa ensayística radical que avanzaba antes: Madres arrepentidas, de la socióloga israelí Orna Donath. Es un libro que rompe tabúes e ideas preconcebidas sobre la maternidad, una buena muestra de lo perspicaces y útiles que son para absolutamente todo el mundo el feminismo radical y las teorías de género.

Sin dejar septiembre, no puedo dejar de hablar de un memoir gráfico impactante, que se llama La historia de mis tetas, por Jennifer Hayden. Uno de los mejores cómics de 2015 en Estados Unidos y definitivamente más divertido, pese a tratar sobre el cáncer de mama, que el célebre chiste casposo.

Cerrará el año, en noviembre, un volumen de relatos que quiere reflexionar sobre la andadura vital de Reservoir Books. Hemos pedido a nueve autores de ambos lados del charco que escriban sobre qué significa mirar la cifra mítica de los dieciocho años desde una distancia de otros dieciocho años. Cómo no, casi todos ellos tenían dieciocho hace dieciocho. Por una parte, es un homenaje a esa tipología de autores que tranquilamente llevan veinte años escribiendo y que por una razón u otra no han terminado de despuntar en el panorama literario, teniendo calidad y recursos sobrados. Serían como nuestros nueve “viejísimos”, si se me permite robarle la broma a uno de ellos. Por otra parte, es también un pequeño homenaje a Iván Zamorano y su peculiar cabalística. El libro se titulará, cómo no, Uno más ocho.

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