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Miguel Brieva: Realidad aumentada

Del mismo modo que de la cabeza de Víctor Menta, el protagonista de Lo que (me) está pasando, brotan multitud de criaturas fantásticas, el discurso de Miguel Brieva parece ramificarse constantemente en múltiples direcciones. Uno podría creer que el dibujante sevillano vuelca toda su imaginación sobre las páginas, pero como comprobamos en la charla telefónica que mantuvimos con él, lo cierto es que estas no son más que el principio de un discurso rico y sensato, en el que el artista se olvida de su ego para hablar de lo que nos está pasando.

Se está haciendo mucho hincapié en que Lo que (me) está pasando es tu primera novela gráfica. ¿Ha representado alguna dificultad el salto a una narración más larga?

Es una cosa completamente distinta, te obliga a mantener la coherencia del relato, la evolución del personaje… Para mí, que no soy un dibujante profesional ni ortodoxo, el mero hecho de acabar un libro unitario de cien y pico páginas ya era una novedad. También presenta dificultades técnicas; cosas tan simples como haber de dibujar las narices siempre igual, que cuando trabajas en formatos cortos no has de tener en cuenta. Pero también me ha reportado una parte de placer. Era una asignatura pendiente, y me gustaría seguir abundando en ella.

Un elemento que distingue este cómic de otros trabajos tuyos es la reducción de la paleta cromática a tonos marrones y ocres. ¿Por qué decidiste prescindir del color?

De algún modo me parecía que iba en sintonía con el relato, como si emulase el diario íntimo que el protagonista lleva a todas partes, que acaba desgastado y amarillento de tanto uso. Algunos amigos dibujantes llevaban tiempo diciéndome que mis ilustraciones podían quedar bonitas sin tanto color, pero yo por lo general pienso que mis dibujos son algo dificiles de descodificar, y por eso les doy colores. Al final ha sido un pequeño experimento formal para ver si podía hacer algo inteligible sin la distracción de los colores.

Aunque Lo que (me) está pasando contiene varios detalles fantásticos que reflejan tu característico humor, en la historia de Víctor y sus allegados predomina la carga dramática. ¿Tuviste claro desde el principio que el tono del cómic oscilaría entre estos dos polos?

Si lo que quieres es transmitir un estado anímico de desgana y frustración lo puedes hacer mediante la reiteración de acciones, o con una historia bajonera en sí misma, pero yo preferí combinarlo con fugas muy locas y una estructura sencilla, como de fábula. Es verdad que el drama no es para nada mi estilo, ni me siento especialmente cómodo practicándolo, pero era indispensable para que la historia funcionase. La propia lógica del relato te lleva a describir el periplo del protagonista, o el momento en que su padre se viene abajo tras perder su trabajo.

¿Cómo planteaste el retrato de Víctor, el protagonista?

Víctor es un contenedor vaciado de esperanzas, emociones y anhelos. Eso daba píe a que aparecieran una serie de personajes que están en el interior de su mente y que generan un universo fantasioso, aportando un detalle novedoso a un relato que por lo demás es bastante costumbrista, que es un genero con el que no me siento identificado realmente. Tampoco creo que Víctor sea un personaje muy sofisticado a nivel psicológico. Para mí lo más importante es que sirviera como vehículo para transmitir una serie de ideas que están en el mismo centro de nuestro tiempo.

brieva retallat

¿Qué ha primado más en la creación de Lo que (me) está pasando, la reflexión o el impulso?

El cómic está bastante meditado a nivel técnico: cómo se plantean las páginas y se distribuyen las viñetas y las secuencias. El trasfondo también lo llevo meditando desde hace años. En lo que sí me he dejado llevar, y ha sido muy chulo, es el desarrollo de la historia y de las fantasias. Por ejemplo, cuando nació mi hijo y bajaba con él al parque, veía a los chavales con la botellona, al homeless comiéndose una lata de sardinas… y todo eso ha acabado saliendo en la historia. Al final lo que hago es un batiburrillo loco de cosas que has tenido en mente y se juntan en el subconsciente, como pasa en los sueños.

Como otras obras tuyas, el cómic está puntuado por citas de filósofos, escritores o músicos. ¿Qué significa para ti este recurso?

Todo viene de las lecturas que voy haciendo mientras trabajo. A veces son frases que encapsulan un estado de ánimo o una carga de sabiduría, o simplemente ideas relámpago que te entran en el cerebro rapidísimo porque resultan muy sugerentes. También ocurre que la intelectualidad oficial, aquella que se refleja en los premios y las galas, no me parece que se corresponda con la que gente que realmente está generando el pensamiento y el arte de nuestro tiempo, y esto me sirve para equilibrar modestamente la balanza, trayendo las voces de la gente que creo que se mueve en la dirección adecuada. En el caso concreto de Lo que (me) está pasando, las citas sirve para dar un cierto ritmo a la historia, y muchas de ellas han sido inspiradoras de pasajes concretos del libro, por lo que me parecía justo que estuvieran allí. Por ejemplo, la de Hunter S. Thompson que dice que si vas a volverte loco más te vale conseguir a alguien que te pague por ello, me llevó a la escena en que los personajes se colocan y empiezan a transgredir las normas llevados por la justicia poética, y se acaban salvando porque de algún modo lograban conectar con alguien a quien caía en gracia su comportamiento y les ofrecía trabajo.

SFAR, JOANN pag 8 lo que me esta pasando retallat

¿Cómo valoras la respuesta de los artistas españoles al declive de los últimos años?

De algún modo hemos pasado de esa Cultura de la Transición que definió Guillem Martínez, desvinculada de la sociedad, apolítica e inocua, a ver cómo mucha gente se está llenando de mala leche. Es como si la gente hubiera macerado lo suficiente en la salsa de la crisis para darse cuenta de que esta mierda va en serio e incluso puede ir a más. Ya no es que un grupo de música haga un guiño político en una canción, si no que algunos como Nacho Vegas, que antes manejaba otro tipo de poética, ahora carga sus letras de significado político. O Isaki Lacuesta, que ahora ha estrenado Murieron por encima de sus posibilidades, que tiene muy buena pinta. Luego, leyendo a teóricos del siglo pasado te das cuenta de que todo esto está repitiendo una actitud nihilista y de derrota que es el paradigma del arte moderno. Pero para mí lo valioso es aportar obras que propongan algo, porque no creo que sirva de nada regodearnos estéticamente en el hecho de que el mundo se está yendo a la mierda.

Esa parece ser también la actitud de los nuevos movimientos de izquierda. Se ha pasado de un discurso de resistencia a otro de conquista.

Sí, pero todavía falta mucho para que la población asimile realmente un sentimiento de cambio social, porque nos han machacado el imaginario social a base de bien. Y hay un problema todavía más grave, que es el de las alternativas reales. Los de Podemos han optado por un discurso de perfil bajo, decir tres o cuatro cosas en las que todo el mundo está de acuerdo y atraer a cuanta más gente sea posible. Pero con la entrada de Ciudadanos parece que se les ha venido abajo el tinglado. Ahora solo les queda poner sus cartas sobre la mesa para ver cuáles son sus apuestas. Pero claro, eso podría hacerles perder aún más votos… Estos días estoy cobrando verdadera conciencia de que el votante medio tiene un acercamiento absolutamente irracional a sus elecciones, y lo jodido es que son absolutamente manipulables por los resortes mediáticos.

En casi todas las entrevistas que has dado el discurso sobre tu obra ha derivado a la reflexión social. ¿Te incomoda que algunos te puedan ver como un portavoz vean como un portavoz de ideas políticas?

Lo cierto es que no me interesa hablar de mí como creador ni de las cosas que hecho. Creo que hay temas más urgentes a tratar que las minucias de la autoría. Por eso, en las presentaciones del cómic he intentado juntarme con gente de ámbitos diversos que me parecía interesante para dialogar sobre estas cosas. Al final, mi trabajo está muy marcado por la necesidad de explicarme lo que sucede a mi alrededor, y en la medida de lo posible transmitirlo a los demás mediante caminos atractivos y fáciles de asimilar.

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