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Trabajar rascándose. Una conversación con Liniers

liniers fotoLas 1.056 páginas de El Macanudazo suponen uno de los proyectos más ambiciosos que hemos emprendido en Reservoir Books. También uno de los más ilusionantes. No es ningún secreto que somos rendidos admiradores de Liniers; un sentimiento que compartimos con una verdadera legión de fieles lectores. Por eso, tener ocasión de echar la vista atrás y compilar las tiras de Macanudo que diariamente han aparecido en el periódico La Nación se nos antojaba un auténtico placer, además de un merecidísimo homenaje a uno de los grandes dibujante de nuestro tiempo.

Liniers todavía nos dará, seguro, muchísimas sorpresas, pero este Macanudazo marca un momento muy especial de nuestra relación con el autor, y es una delicia tanto para los enamorados de sus inolvidables personajes -los pingüinos, el gato Fellini, Lorenzo y Teresita…- como para quienes lo reciban como una puerta de entrada a su fantástico universo.

Para celebrar la aparición de El Macanudazo, os ofrecemos una entrevista exclusiva con Liniers, en la que hablamos de sus inicios underground, lo que supone trabajar como dibujante, sus colaboraciones con Kevin Johansen y, muchas cosas más.

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¿Qué se siente al ver todo Macanudo recopilado en un solo tomo?

Me da mucha impresión. Tener una idea por día no me parece gran cosa, pero cuando uno recopila diez u once años de ideas… suman bastante ¡Cuánta cosa rara ha pasado por este extraño cerebro! Supongo que puedo dejarle el libro a algún psiquiatra y pasar luego de que lo lea para que me recepte las pastillas que necesito.

En tu obra hay una serie de personajes que van apareciendo periódicamente. ¿Cuándo te das cuenta de que has dado con una criatura que tiene vida propia, y no con un gag limitado a unas pocas viñetas?

Siempre lo ejemplifico con una hebra de lana que sobresale de un suéter. Uno empieza a tirar de la hebra y a lo mejor es un pedacito corto, o a lo mejor sigue saliendo y saliendo hasta que desarmamos todo el suéter. Trato de no forzar a los personajes, si salen más chistes, los dibujo. Pero no es algo que funciona “a pedido del público”. Es un poco más intuitivo.

¿Es difícil seguir imaginando situaciones para tus personajes después de tanto tiempo?

Como en todos los trabajos, hay días fecundos y días estériles. Esperemos que hoy sea fecundo.

Tus dibujos a veces son cómicos, otras tiernos y románticos… ¿Hay alguna emoción que se te resista a la hora de trasladarla sobre el papel?

No. Dibujar es como pienso. Si algo me pasa, o leo en las noticias, o un amigo o amiga me cuenta algo… Necesito bajarlo al papel para analizarlo. Si lo que aparece me resulta interesante para compartir, lo mando al diario.

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Tus seguidores establecen una relación muy íntima con tu obra y tus personajes. ¿En algún momento te ha sucedido eso a ti como lector?

Sí, terminé muy amigo de Tintin, Holden Caulfield, Asterix, Mafalda, Sal Paradise, La Maga, Huckleberry Finn, Roland Deschain, Atticus Finch, Alatriste, Ignatius J. Reilly… ¡Incluso de Humbert Humbert!

Tus portadas para The New Yorker han sido muy celebradas. ¿Qué te resulta más complicado, trabajar en base a un encargo o dar rienda suelta a tu universo personal?

Lo bueno del New Yorker es que en los casos en que trabajé para ellos el trabajo fue muy libre. En general es la manera de que tenga el mejor desempeño. Que me dejen libre y vemos adónde vamos.

¿Qué recuerdos tienes de tus inicios en el mundo del fanzine?

El de libertad y experimentación absoluta. ¡Ah, la juventud! Lo bueno de hacer algo por uno mismo es que nadie te va a decir que está mal.

¿Cuándo te diste cuenta de que el dibujo ya no era para ti solo una afición si no que se había convertido en tu trabajo?

La primera vez que tuve que dibujar sin tener ganas de dibujar. Trabajar de lo que te gusta es como rascarse. Al principio es muy placentero, pero si el volumen de trabajo o rascada no cesa empieza a doler. Pero no puedo quejarme: ¡Trabajo de rascarme!

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Hace unos meses, giraste por España junto a Kevin Johansen. ¿Cómo funciona vuestra relación creativa?

Es una amistad que se subió al escenario. Entonces cada recital que hacemos es una fiesta y creo que el público interpreta eso y se suma. La vida del dibujante suele ser solitaria, pero no hay como sumarte a otra gente para salir de la zona de confort y hacer aparecer trabajo que nunca saldría encerrado en mi estudio.

¿En qué momento pensasteis que sería buena idea empezar a dar conciertos juntos?

Se le ocurrió a una persona que trabaja con Kevin. El Cheto Piñero, su stage manager. Un día entre cervezas nos dijo a los dos “Si vos tenéis el escenario vacío y vos dibujas… ¡Dibújale el escenario!”. Y ahí empezó todo.

¿La música que escuchas juega un papel importante mientras dibujas en tu estudio?

Todos los dibujantes somos muy melómanos. Nuestro trabajo es solitario y silencioso. Algún ruido lindo tiene que escucharse además del rascado de la pluma contra el papel, o nos volveríamos locos. A alguno le gustará más el tango, el folclore o el rock, pero todos escuchamos mucha música.

En España eres  muy respetado y querido por los lectores, pero también por otros dibujantes, ¿Estás al día de la escena de cómics en España? ¿Hay algún autor por el que sientas predilección?

Muchos. España está en un momento maravilloso respecto a lo que se está publicando. Paco Roca, Miguel Brieva, Mauro Entrialgo, Mamen Moreu, Miguel Gallardo, Javier Olivares, Paco Alcázar… Lo maravillosa y disímil que es esa lista habla por sí sola… Y, por supuesto, Juanjo Sáez… ¡Madre de Dios!

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